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La plaza del ayuntamiento se ha llamado de muchas formas, pero durante tanto tiempo se llamó Plaza Vieja que casi todo el mundo le sigue diciendo así. Es la de toda la vida, ha visto pasar todas las épocas de Almería, todas sus penas y glorias, todos sus hijos todas sus historias. Es la típica plaza cerrada con el suelo empedrado y grandes portalones umbrosos, que se agradecen en una ciudad generalmente calurosa y llena de sol. Es la plaza que España exportó a América y allí se llamo colonial. Más que vieja, es antigua, imposible de agregar a un esquema urbano moderno, y que hace que las ciudades europeas tengan lo que se llama un casco antiguo, es decir, una isleta de su primera historia en medio de lo que vino después.
Es un sitio para buenos conciertos, sobre todo de flamenco, por su acústica, su poco ruido de tráfico y su aroma a pasado. Allí no se necesita megafonía, y se entra por unos arcos profundos, y allí estaba tocando Rafael Molina una noche de agosto de 2004, en el festival de flamenco, con Josele Heredia y su hija Zoraida. Cuando termino su actuación, se le acerco un viejo amigo, Salvador Martos, que estaba allí como oyente. Se conocían desde hacia tiempo, y habían colaborado hacia tiempo con Sensi Falán, y conversando un poco y en aquel ambiente, se preguntaron ¿Y porque no colaboramos y hacemos un grupo? Llamaron al guitarrista de Carboneras Rubén de Rosario y comenzaron los ensayos. Comienza Plaza Vieja Las cosas fueron rodando, y para su primera actuación contaron con la cantaora Montse Perez. Habían bautizado al grupo como Plaza Vieja, por el lugar donde había nacido la idea y por que querían dejar claro que el proyecto es Almería pura, local como sus piedras y universal como su música y su flamenco y su gente. Tras sus primeros pasos, el grupo fue cambiando, como siempre ocurre. Montse Perez no pudo seguir y llamaron a un joven que habían oído cantar en algunas peñas, Ezequiel Pasamontes, “Zarrita”, para que tomara el relevo. Luego buscaron al flautista Pedro Caro, conocido en el mundo del flamenco español como “Chango”, que ya había trabajado con Salvador y con José Sorroche en “Jara”. A mediados del 2005 el grupo ya tenía un formato estable. Tratan de seguir la línea que en su día abrieron gente tan grande como Paco de Lucía, Jorge Pardo o Carles Benavent, un flamenco puro y cristalino que incorpora instrumentos de viento y bajo. “Hacemos un flamenco puro”, dice Rafael Molina, “solo que con más instrumentos”. Aclaran que no es fusión ni nuevo flamenco. No reniegan de nada, y todos han tocado otras músicas, pero Plaza Vieja es flamenco puro. “Este tipo de flamenco no lo había echo nadie antes en Almería, y nos estamos asombrando que está gustando a todos, a los aficionados y a los que no lo son. Hombre, es un tipo de flamenco más abierto, pero la esencia la mantenemos intacta”. Tocan los palos más rítmicos en grupo, tangos, alegrías, bulerías, soleás por bulerías, fandangos, rumbas. Pero los palos más libres, las soleás, seguiriyas los hacen solo con guitarra y cante, como son. Ensayan en casa de “Fafi” Molina, en Loma Cabrera, y cada uno tiene su vida. Rubén de Rosario está haciendo estudios reglados en el Conservatorio Superior de Córdoba, Salvador Martos toca su cajón en otros grupos y varias academias de baile, y en el Conservatorio Profesional de Danza de Almería, además de tener un grupo de baile con Chelo Ruiz y el niño de la Manola , “Derroche Flamenco”.
Tocar bien y divertirse Cuando hablan de expectativas, cada uno dice que tiene las propias, pero al final son las mismas: Son un grupo de amigos que disfrutan tocando, lo hacen bien, y les gusta la música que les esta saliendo juntos. Y quieren seguir así, lo demás ya se verá. Rafael Molina que tiene más palos en el mundo de la música, por los años que estuvo en primera línea, con Carlos Cano, por ejemplo, es más escéptico. Zarrita, más joven, quiere ser reconocido en el mundo del flamenco, y “Plaza Vieja” le está ayudando a darse a conocer. Salvador Martos aspira a que, al menos quede recogido lo que hacen. Es un buen proyecto, pero no lo quieren forzar. Lo que venga, vendrá, y mientras tanto buen flamenco
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