Más que un festival al uso, el Espantapitas es una experiencia, una iniciativa de convivencia aderezada con propuestas culturales que abarcan un espectro artístico sin límites impuestos a priori.
Esta séptima edición llega tras una fuerte experiencia internacional en pasado mes de mayo en Berlín, y por eso la primera jornada del festival en Almería estuvo dedicada a volver a las raíces, a buscar el arte que nace de esta tierra. El cartel abría con flamenco, y la entrada, el jueves, era gratuita.
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La noche era de las que se agradecen, fresca y tranquila. El área de acampada se iba animando, y el recinto se comenzaba a llenar con gente llegada de toda España. En una carpa se proyectaban películas del ciclo de Cine Rebelde y obras de video arte, los visitantes comenzaban a acercarse a los talleres de globoflexia, chapas, ciencia divertida y papel.
La noche se abrió con la artista almeriense Carmen Vergel. A continuación llegó Plaza Vieja, con la colaboración de la bailaora Mayte Beltrán, y ofrecieron un extenso recital de una hora. No quedo palo que no tocaran, y cuando se despidieron con una rumba, levantaron a todo el publico de sus asientos.
Cerraron la primera jornada los gaditanos EA! Mezclando flamenco, jazz, rock y sonidos árabes, el tipo de propuesta que siempre se busca en una experiencia como la de Espantapitas.
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